Saturday, March 08, 2008

Las Orquideas y los Platanos

Que pareja mas linda, no hablo de las plantas sino de Don Manuel y Damita. Yo conoci a Don Manuel hace mas de viente años en Valle Escondido. Yo tenia 26 años y el mas o menos sesenta y algo.  Jean y yo acabábamos de mudar de Fair View a una casa enorme en Valle Escondido y necesitábamos ayuda con el patio que también era enorme.  Ese patio fertil e humedo estaba rodeado de yerba alta nicaraguence en tres lados y una sobreabundancia de naturaleza, incluyendo reinitas que se sentaban en las puntas de la yerba, pajaros carpinteros que se pasaban el día trabajando en los "meaitos" o tulipanes africanos, o los sapos conchos enormes que servian de "lomos" en las calles. Fue para 1979, que esa nueva urbanización fue desarollada por Mr. Pulliam, sobre una finca que originalmente fue de los Munoz McCormick. Uy, yuyui. Me estoy metiendo en aguas profundas. Tantos nombres importantes y de legendas que me contaba Don Manuel. Me conto como fue mayordomo de esa finca, su brega con los peones que el supervisaba y de codearse con gente fina, como Dona Baby Munoz McCormick,  quien el todavía atendía y luego me llevo a visitar su casa en Mamey 2. Fue muy atenta conmigo. Siempre recuerdo esos años como una experiencia misteriosa, ya que el me conectaba a ese pasado lleno de historia con sus cuentos y parecía que podía oír sus voces entre la maleza.

Don Manuel fue mas que un jardinero, fue un amigo, fue familia. Tan querido, casi como un papa. Por las mañanas ya para la seis y media, aparecía el de entre la neblina y la maleza. Ese elegante jibarito, vestido de gris azul, con sus botas altas de goma, caminando con un saco siempre sobre su hombro y con un machete en su mano. Lleno de cuentos, lecciones, y obsequios. Nunca con comida ni almuerzo excepto un termo con cafe, por que desde tempranito en nuestra relación aprendí que a mi me tocaba hacer el almuerzo y tenerle siempre agua. Que paciencia me habrá tenido, por que yo no era gran cosa como cocinera. Aunque por mi parte, me daba tanto gusto prepararle esos enormes sándwiches de jamón y queso de bola en pan de agua fresco, o arroz y habichuelas con corn beef, con plátano maduro frito. Cositas asi. El siempre apreciaba lo que yo le preparara ya que era lo mismo que preparaba para mi familia. Sin embargo, no habia manera de que se sentara en la mesa con nosotros a comer.

Otros dias cuando no trabajaba en mi casa, el pasaba en su camino a Greenville, donde hacia otros patios y tambien era muy querido por todos. Del saco me dejaba una sorpresa en el escalón o colgando del portón de la marquesina que podía ser unos limones, dos plátanos mafafos o un mamey. Otras veces del saco sacaba una flor o una mata que me hubiese mandado Damita, su esposa. Mi casa termino teniendo arboles frutales y muchas clases de flores, entre ellas bromelias, cascada de coral, miramelindas y muchas orquídeas anaranjadas pequeñitas, que se multiplicaron tanto que parecian silvestres.

Bueno, a mi personalmente me gustaba acompañarlo cuando estaba sembrando algo, y así aprender de la jardinería y de frutas. Entre muchas cosas me enseño.  Me dijo el mamey no se puede dejar para tarde para pelarlo y había que comérselo rápidamente por que se dañaba. Del coco me enseño que si uno no era listo lo podrían rociar con agua de coco. Y de sembrar que era sumamente importante sembrar las cosas en la luna menguante y que para asegurase que algo estuviese firme en la tierra, se afirmaba bien la tierra alrededor del tronco y luego se tomaba la punta de una hoja y si se podía desprender un pequeño pedazo de la hoja, estaba firme. Siempre era ese toque final. Ahora yo lo hago tambien.

Sus hijos que vivian cerca, Maria Ester, Maria del Carmen, Alicia, y Hector. Se que tenia otro hijo que hacia gabinetes de cocina preciosos. Todos unos hijos excelentes y admirables con sus lindas casas alrededor. Hector habia estudiado contabilidad y trabajaba para Molinos de Puerto Rico. Y todos eran personas cariñosas, responsables, y generosos: características de sus padres, Damita y Don Manuel.

Pero Aunque cuando yo lo llamare Don Manuel, el siempre me respondía con "mande." Pero nuestra relación siempre fue de mutuo respeto. Al seguir compartiendo fueron pasando los años con Don Manuel y yo pude visitarlo muchas veces en su casa en el Camino Laguna en el barrio Mamey 2. Luego de estacionar mi caro en la callecita estrecha, me ofrecían un cafe con mucho cariño y como un ritual pasaba a ver el lindo jardín que tenia Damita. Damita se especializaba en bromelias, plantas curiosas y deslumbrantes orquídeas, las cuales propagaba para que se convirtieran en regalos de las madres o de cumpleaños. Habían orquídeas rosadas, lilas, blancas, matizadas, pequeñas o grandes, tigresas y exóticas también. Una vez una de sus mas enormes plantas tuvo mas de 50 flores. imagínate 50 flores! Se que se les va hacer difícil creer, pero así fue. Y la hermana de Damita que vivía en una humilde casita mas abajo en el camino Laguna, tenia una mata de orquídeas que tenia mas que ella. Como era posible eso en un barrio tan humilde?, me preguntaba yo. Hoy día veo esos programas de televisión que muestran esos jardines tan bellos que siempre se encuentran en lugares costosos, pero yo se la verdad. No hay que ser rico, para tener cosas preciosas y apreciar la naturaleza.

Los años fueron pasando, vendimos la casa en Valle Escondido y nos fuimos al Señorial en Cupey Alto, y unos años despues, luego de ponerla linda, Jean, mi esposo, quiso mudarse de nuevo.  Esta vez a Guaynabo.  En todas estas casas mi ayudo Don Manuel.  Yo no queria a ningun otro jardinero.  Yo misma lo buscaba y lo llevaba.  Pero despues de luchar por muchos años mi matrimonio se dissolvio pero no mi relacion con Don Manuel.  El me siguio ayudando en Terranova por unos años y luego que me mude a Orlando lo visitaba en el verano y en las navidades. Ya en una ultima visita lo encontre decayendo, ya en sus ochenta años, todavia con sus manos de hombre trabajador pero ahora con esos callos mas suaves pero con este rostro lleno de cariño.  Y un dia me llego la triste noticia de que el murio.  Todavia tengo copia del pasaje biblico que regalan en la funeraria.

Damita y Don Manuel tenían tanta belleza, cariño y bondad, que se derramaba sobre todos que ellos conocían. Sobre abundo en mi familia y mi hogar. Aquí en Orlando todavía tengo algo que el me regalo. Tengo de la iris japonesa que el primeramente me sembro en las afueras del balcon en Valle Escondido. Fui pasándola de casa en casa. También la compartí con Mami, y de allí traje acá, a Orlando. Por otra parte, siempre que veo una cascada de coral, una reinita, una bromelia o una orquídea me recuerdo de el. Y podría llenar una finca con todos las plantas y recuerdos. He sido muy afortunada. Sumamente.

5 comments:

Ana said...

Mami. Que lindo. Que bellas memorias. No hay vista mas linda en mi memorias que el patio de Damita. Que bello, un pariso escondido.

Tienes alguna foto de Don Manuel por ahi, si la tienes has le un scan bien bueno. YO creo que me hace falta en mi pared de familia.

Elba said...

Muy bien, creo que lo merece, verdad?

Rosangela Canino-Koning said...

That's lovely. Thank you for writing about it.

I found a picture of an Iris plant that looks like the one we had. Is this it? http://en.wikipedia.org/wiki/Image:Iris_pseudacorus_01.jpg

Ana said...

Rosie, those are them.

Elba said...

Pues si Rosita, es la planta pero la nuestra no es tan enorme como parece esa. Yo voy a tomar una foto de la mia y la voy a postear para que la puedas ver, okay? Besos y amor a las dos.